mentes despiertas

P'ang yun:
el Zen en la familia.
/Consideremos la situación del hombre ordinario en ese momento: los campesinos se veían forzados a trabajar tierras rentadas de terratenientes, quienes, gracias al aumento de la movilidad social, habían adquirido vastas extensiones de tierra y, de esa manera, transformaron una casta anteriormente pobre en una élite provincial. El sur era el centro del comercio de sal, mientras que Kiangsi, donde se encontraba el monasterio del maestro Baso, era la mayor región productora de té. Pequeños centros comerciales dóminaban el negocio del día, lo que fomentó la urbanización de pequeñas aldeas. Estos centros urbanos proporcionaban al ciudadano común todo lo que necesitaba para la vida: trabajo, intercambio social y religión. Como las cargas impositivas afectaban especialmente a los mercaderes, muchos negociantes acaudalados alentaron a sus hijos a escapar de la discriminación social estudiando para puestos gubernamentales para elevar, así, su posición burocrática y académica. A la luz de esta situación tan incierta, en un período de transición, con un gobierno central que se resquebrajaba, una estructura social fragmentada y ejércitos rebeldes en todas partes, es sorprendente que un practicante laico del Zen tan dotado como P'ang Yun no buscara refugio en algún monasterio.
P'ang Yun nació alrededor del año 740 y murió una semana después del eclipse solar del 3 de agosto de 808, pocos años antes de que naciera Rinzai. Se capacitó en los brillantes centros de Zen creados por los "abuelos del dharma", Baso y Sekito, y dirigidos por Hyakujo, Yakusan, Nansen y otros. La dedicación de P'ang al Zen laico lo llevó a formar parte de un grupo de budistas llamado chu-shih, practicantes que rechazaban la vida formal monástica y preferían permanecer fuera de la religión institucionalizada. Esta afiliación no les impedía estudiar con los maestros zen del momento o pasar temporadas en algún monasterio y seguir luego su camino.
Era hijo único en el seno de una familia confuciana. Cuando su padre fue nombrado prefecto de Hung-yang,la familia se mudó a esa ciudad. Nada inusual ocurrió en sus primeros años: siguió el camino indicado por el confucianismo; casarse, establecer un negocio, tener hijos —en su caso, un varón y una mujer—. No obstante,poco después de casarse comenzó a manifestar cierto interés -que sus vecinos con seguridad consideraron "demasiado"- en cuestiones espirituales. Construyó una pequeña ermita en su casa y se retiró allí a meditar en compañía de su mujer y sus hijos. Además, escribió poesía y filosofía.
P'ang decía: "¡Qué difícil es! ¡Qué difícil es! Mi trabajo es como tener que secar al sol diez mil kilos de de lino". Y su esposa le respondía: "Tranquilo, tranquilo. Es como apoyar los pies en la tierra cuando sales de la cama. He hallado la enseñanza en la copa de las plantas en flor".
La hija de P'ang, Ling-chao, una mujer espiritualmente muy dotada que sería su compañera de dharma hasta el fin de sus días, dijo: "Mi estudio no es difícil ni fácil. "Cuando tengo hambre, como. Cuando estoy cansada, descanso". Poco se sabe, en cambio, de Keng-huo, el hijo de P'ang, quien, trabajando como granjero, permaneció cuidando a su madre luego de que su padre donara la casa a un templo, llenara un bote con todo lo que en ella había y lo hundiera en el río Shao y, después de hacerlo, acompañado de su hija, emprendiese una vida errante. Para sostenerse en su peregrinaje, padre e hija fabricaban utensilios de bambú y los vendían en los mercados del camino.
En 786, P'ang se presentó en el monasterio Nan-yueh del maestro Sekito y le preguntó: "¿Quién es el hombre que no acompaña los diez mil dharmas?". Como repuesta, Sekito le tapó la boca con su mano y P'ang tuvo una iluminación instantánea. Permaneció junto a Sekito durante un año practicando Zen como estudiante laico. Un día, el maestro le preguntó: "¿Cómo has practicado zen desde que llegaste a esta montaña?" P'ang respondió: "No puedo decir nada acerca de mis actividades cotidianas". "Te lo pregunto precisamente por que no puedes usar palabras", dijo Sekito.
Como respuesta, P'ang escribió un poema cuyos últimos dos versos se han transformado en un lema del Zen.
Mis actividades diarias: nada fuera de lo común,
estoy en armonía con ellas.
Aferrando nada, descartando nada.
En ningún lugar encuentro impedimento, no hay conflicto.
Mi poder sobrenatural, mi actividad maravillosa:
recoger agua y cortar madera.
Entonces Sekito quiso hacerlo monje, pero P'ang rehusó diciendo: "Haré lo que yo quiera". Y siguió su camino...
... P'ang se negaba a hablar en público y carecía de un círculo formal de discípulos. No llevaba el bastón de campanillas distintivo de los peregrinos budistas sino el simple bastón de bambú de los viajeros ordinarios. Usaba un caftán blanco (su "túnica sin costuras de Vacío") y no ambicionaba cambiarla por la túnica negra del monje zen reconocido. Los chinos respetaban poco la ropa blanca, que aún simboliza frugalidad.
El Chodang chip, una crónica coreana de los maestros zen de China, compilada en 952, describe al Laico como un hombre "de aspecto confuciano, apartado del mundo material, de sentimientos incontrolados y de conducta acorde a su nivel". Y caracteriza la vida de P'ang como "confusa", de logros "misteriosamente adquiridos" y de comportamiento "fácil en todo" (tanto con confucianos como con taoístas, funcionarios militares y niños; tanto con sus compañeros de viaje como con los más ilustres maestros zen de su época). Su amigo y biógrafo Yu Ti lo caracteriza como "bodhisattva del hogar", la encarnación china de Vimalakirti, maestro budista laico de la India. Al cabo de dos años de vivir en una cueva, cerca de su ciudad natal, Hsiang-yang, el Laico decidió que era tiempo de morir. Se sentó en posición de meditación y le pidió a su hija que saliera y regresara para informarle cuando el Sol llegara al cénit: al mediodía, moriría. Ling-chao salió y regresó casi inmediatamente diciendo: "Es mediodía y hay un eclipse de Sol, ven a ver".
"¿Un eclipse?", preguntó P'ang.
"Si, si."
El Laico se puso de pie y se acercó a la ventana. Ling-chao rápidamente ocupó el sitio vacante, cruzó las piernas y, de inmediato, murió. Cuando P'ang regresó y vio lo sucedido, dijo: "Los métodos de mi hija siempre fueron veloces. Una vez más se me ha adelantado". Juntó madera, realizó la ceremonia de cremación y, antes de morir, observó el período tradicional de siete días de luto. Pasados los siete días, Yu Ti llegó para saludarlo. P'ang apoyó su cabeza en las rodillas del amigo y le dijo: "Te ruego que veas todo lo existente como vacío y te cuides de tomar como real lo inexistente. Sé cuidadoso en este mundo de sombras y ecos". Luego murió pacificamenté. Yu Ti realizó los ritos crematorios y mandó la noticia de lo acontecido a la esposa de P'ang.
Cuando la mujer del laico se enteró de las muertes exclamó:"La estúpida joven y el viejo ignorante se han ido sin avisarme. ¡Qué insoportable!". Buscó a su hijo Keng-huo que estaba trabajando en el campo y le contó lo sucedido. Keng-huo dejo la azada en el suelo, suspiró una vez y murió al instante. La madre se encargó de la ceremonia, se despidió de sus amigos y se fue a vivir a una ermita. Nunca se volvió a tener noticias de ella.
El final de la excéntrica familia P'ang no fue muy diferente del modo en que vivieron: con intensidad y sencillez y sin dejar huellas. El testamento zen de P'ang se refleja en los versos que describen y alaban la radicalidad de su estilo de vida, estilo que se aparta del enfoque confuciano que exige absoluta conformidad a la familia, el templo y la comunidad.
No hay yo ni persona,
¿por qué entonces el pariente y el extraño?
Les ruego, dejen de ir de conferencia en
conferencia;
es mejor buscar la verdad directamente.
La naturaleza de la Sabiduría del Diamante
excluye toda mota de polvo.
Desde "Esto he escuchado", hasta "Esto es lo que
creo":
sólo un conjunto de nombres irreales.
Lo único que el orador pudo expresar fue un profundo suspiro.
...
Conocedor del camino del Buda, transito el
No Camino,
sin abandonar mis asuntos ordinarios.
Lo condicionado, el nombre y la forma: flores en
el cielo.
Sin nombre y sin forma, dejo de lado muerte
y nacimiento.
A un buscador de la perfección, Páng le aconseja:
El pasado ya ha pasado,
no intentes recuperarlo.
El presente no perdura,
no intente apresarlo momento a momento.
El futuro no ha llegado,
no pienses en él con anterioridad...
Aparezca lo que aparezca, déjalo ser.
No hay mandamientos que seguir,
no hay impurezas que purificar.
Penetrando verdaderamente la mente vacía,
los dharmas carecen de vida.
Si puedes ser así
habrás alcanzado el último de los logros.
A todos los herederos de su dharma, hasta el linaje laico actual, P'ang Yun les dice:
La comida y la ropa sostienen el cuerpo y la vida,
trata de captar el ser tal cual es.
Cuando llega el momento,
abandono mi ermita
y voy,
y no dejo nada atrás.
( "Nubes locas: rebeldes del Zen." Perle Besserman y Manfred Steger. Editorial Troquel. )
el Zen en la familia.
/Consideremos la situación del hombre ordinario en ese momento: los campesinos se veían forzados a trabajar tierras rentadas de terratenientes, quienes, gracias al aumento de la movilidad social, habían adquirido vastas extensiones de tierra y, de esa manera, transformaron una casta anteriormente pobre en una élite provincial. El sur era el centro del comercio de sal, mientras que Kiangsi, donde se encontraba el monasterio del maestro Baso, era la mayor región productora de té. Pequeños centros comerciales dóminaban el negocio del día, lo que fomentó la urbanización de pequeñas aldeas. Estos centros urbanos proporcionaban al ciudadano común todo lo que necesitaba para la vida: trabajo, intercambio social y religión. Como las cargas impositivas afectaban especialmente a los mercaderes, muchos negociantes acaudalados alentaron a sus hijos a escapar de la discriminación social estudiando para puestos gubernamentales para elevar, así, su posición burocrática y académica. A la luz de esta situación tan incierta, en un período de transición, con un gobierno central que se resquebrajaba, una estructura social fragmentada y ejércitos rebeldes en todas partes, es sorprendente que un practicante laico del Zen tan dotado como P'ang Yun no buscara refugio en algún monasterio.
P'ang Yun nació alrededor del año 740 y murió una semana después del eclipse solar del 3 de agosto de 808, pocos años antes de que naciera Rinzai. Se capacitó en los brillantes centros de Zen creados por los "abuelos del dharma", Baso y Sekito, y dirigidos por Hyakujo, Yakusan, Nansen y otros. La dedicación de P'ang al Zen laico lo llevó a formar parte de un grupo de budistas llamado chu-shih, practicantes que rechazaban la vida formal monástica y preferían permanecer fuera de la religión institucionalizada. Esta afiliación no les impedía estudiar con los maestros zen del momento o pasar temporadas en algún monasterio y seguir luego su camino.
Era hijo único en el seno de una familia confuciana. Cuando su padre fue nombrado prefecto de Hung-yang,la familia se mudó a esa ciudad. Nada inusual ocurrió en sus primeros años: siguió el camino indicado por el confucianismo; casarse, establecer un negocio, tener hijos —en su caso, un varón y una mujer—. No obstante,poco después de casarse comenzó a manifestar cierto interés -que sus vecinos con seguridad consideraron "demasiado"- en cuestiones espirituales. Construyó una pequeña ermita en su casa y se retiró allí a meditar en compañía de su mujer y sus hijos. Además, escribió poesía y filosofía.
P'ang decía: "¡Qué difícil es! ¡Qué difícil es! Mi trabajo es como tener que secar al sol diez mil kilos de de lino". Y su esposa le respondía: "Tranquilo, tranquilo. Es como apoyar los pies en la tierra cuando sales de la cama. He hallado la enseñanza en la copa de las plantas en flor".
La hija de P'ang, Ling-chao, una mujer espiritualmente muy dotada que sería su compañera de dharma hasta el fin de sus días, dijo: "Mi estudio no es difícil ni fácil. "Cuando tengo hambre, como. Cuando estoy cansada, descanso". Poco se sabe, en cambio, de Keng-huo, el hijo de P'ang, quien, trabajando como granjero, permaneció cuidando a su madre luego de que su padre donara la casa a un templo, llenara un bote con todo lo que en ella había y lo hundiera en el río Shao y, después de hacerlo, acompañado de su hija, emprendiese una vida errante. Para sostenerse en su peregrinaje, padre e hija fabricaban utensilios de bambú y los vendían en los mercados del camino.
En 786, P'ang se presentó en el monasterio Nan-yueh del maestro Sekito y le preguntó: "¿Quién es el hombre que no acompaña los diez mil dharmas?". Como repuesta, Sekito le tapó la boca con su mano y P'ang tuvo una iluminación instantánea. Permaneció junto a Sekito durante un año practicando Zen como estudiante laico. Un día, el maestro le preguntó: "¿Cómo has practicado zen desde que llegaste a esta montaña?" P'ang respondió: "No puedo decir nada acerca de mis actividades cotidianas". "Te lo pregunto precisamente por que no puedes usar palabras", dijo Sekito.
Como respuesta, P'ang escribió un poema cuyos últimos dos versos se han transformado en un lema del Zen.
Mis actividades diarias: nada fuera de lo común,
estoy en armonía con ellas.
Aferrando nada, descartando nada.
En ningún lugar encuentro impedimento, no hay conflicto.
Mi poder sobrenatural, mi actividad maravillosa:
recoger agua y cortar madera.
Entonces Sekito quiso hacerlo monje, pero P'ang rehusó diciendo: "Haré lo que yo quiera". Y siguió su camino...
... P'ang se negaba a hablar en público y carecía de un círculo formal de discípulos. No llevaba el bastón de campanillas distintivo de los peregrinos budistas sino el simple bastón de bambú de los viajeros ordinarios. Usaba un caftán blanco (su "túnica sin costuras de Vacío") y no ambicionaba cambiarla por la túnica negra del monje zen reconocido. Los chinos respetaban poco la ropa blanca, que aún simboliza frugalidad.
El Chodang chip, una crónica coreana de los maestros zen de China, compilada en 952, describe al Laico como un hombre "de aspecto confuciano, apartado del mundo material, de sentimientos incontrolados y de conducta acorde a su nivel". Y caracteriza la vida de P'ang como "confusa", de logros "misteriosamente adquiridos" y de comportamiento "fácil en todo" (tanto con confucianos como con taoístas, funcionarios militares y niños; tanto con sus compañeros de viaje como con los más ilustres maestros zen de su época). Su amigo y biógrafo Yu Ti lo caracteriza como "bodhisattva del hogar", la encarnación china de Vimalakirti, maestro budista laico de la India. Al cabo de dos años de vivir en una cueva, cerca de su ciudad natal, Hsiang-yang, el Laico decidió que era tiempo de morir. Se sentó en posición de meditación y le pidió a su hija que saliera y regresara para informarle cuando el Sol llegara al cénit: al mediodía, moriría. Ling-chao salió y regresó casi inmediatamente diciendo: "Es mediodía y hay un eclipse de Sol, ven a ver".
"¿Un eclipse?", preguntó P'ang.
"Si, si."
El Laico se puso de pie y se acercó a la ventana. Ling-chao rápidamente ocupó el sitio vacante, cruzó las piernas y, de inmediato, murió. Cuando P'ang regresó y vio lo sucedido, dijo: "Los métodos de mi hija siempre fueron veloces. Una vez más se me ha adelantado". Juntó madera, realizó la ceremonia de cremación y, antes de morir, observó el período tradicional de siete días de luto. Pasados los siete días, Yu Ti llegó para saludarlo. P'ang apoyó su cabeza en las rodillas del amigo y le dijo: "Te ruego que veas todo lo existente como vacío y te cuides de tomar como real lo inexistente. Sé cuidadoso en este mundo de sombras y ecos". Luego murió pacificamenté. Yu Ti realizó los ritos crematorios y mandó la noticia de lo acontecido a la esposa de P'ang.
Cuando la mujer del laico se enteró de las muertes exclamó:"La estúpida joven y el viejo ignorante se han ido sin avisarme. ¡Qué insoportable!". Buscó a su hijo Keng-huo que estaba trabajando en el campo y le contó lo sucedido. Keng-huo dejo la azada en el suelo, suspiró una vez y murió al instante. La madre se encargó de la ceremonia, se despidió de sus amigos y se fue a vivir a una ermita. Nunca se volvió a tener noticias de ella.
El final de la excéntrica familia P'ang no fue muy diferente del modo en que vivieron: con intensidad y sencillez y sin dejar huellas. El testamento zen de P'ang se refleja en los versos que describen y alaban la radicalidad de su estilo de vida, estilo que se aparta del enfoque confuciano que exige absoluta conformidad a la familia, el templo y la comunidad.
No hay yo ni persona,
¿por qué entonces el pariente y el extraño?
Les ruego, dejen de ir de conferencia en
conferencia;
es mejor buscar la verdad directamente.
La naturaleza de la Sabiduría del Diamante
excluye toda mota de polvo.
Desde "Esto he escuchado", hasta "Esto es lo que
creo":
sólo un conjunto de nombres irreales.
Lo único que el orador pudo expresar fue un profundo suspiro.
...
Conocedor del camino del Buda, transito el
No Camino,
sin abandonar mis asuntos ordinarios.
Lo condicionado, el nombre y la forma: flores en
el cielo.
Sin nombre y sin forma, dejo de lado muerte
y nacimiento.
A un buscador de la perfección, Páng le aconseja:
El pasado ya ha pasado,
no intentes recuperarlo.
El presente no perdura,
no intente apresarlo momento a momento.
El futuro no ha llegado,
no pienses en él con anterioridad...
Aparezca lo que aparezca, déjalo ser.
No hay mandamientos que seguir,
no hay impurezas que purificar.
Penetrando verdaderamente la mente vacía,
los dharmas carecen de vida.
Si puedes ser así
habrás alcanzado el último de los logros.
A todos los herederos de su dharma, hasta el linaje laico actual, P'ang Yun les dice:
La comida y la ropa sostienen el cuerpo y la vida,
trata de captar el ser tal cual es.
Cuando llega el momento,
abandono mi ermita
y voy,
y no dejo nada atrás.
( "Nubes locas: rebeldes del Zen." Perle Besserman y Manfred Steger. Editorial Troquel. )
Geniales todas las fotos, gracias por ese texto.
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