Un resumen del año
Sentado en la terraza del café turco que tiene el mejor doner kebab del barrio, y tal vez de la ciudad, rememoro algunos momentos de este 2018 que se acaba. Algunos cercanos y conocidos murieron, otros han nacido, pequeñas enfermedades me mantuvieron atento a los cambios a partir del verano, hasta hace relativamente poco; parecen haber remitido. Nada especial, las idas y venidas de la existencia que no cesan. Estamos a treinta de diciembre y como si fuera primavera, la estupidez humana parece no tener límites cabalgando sin rumbo sobre este sistema que te deja opinar de casi cualquier cosa mientras va suprimiendo derechos y sigue destrozándolo todo, empezando por la convivencia; no parece haber salida para esta mentira disfrazada de crisis o cómo quieran llamarlo. Las migraciones que no cesan, y que van dejando víctimas en tierras y mares, hacen de las ciudades espacios interculturales donde suenan idiomas con muchos acentos. Eso me permite comprar fruta a los africanos, aguacat...