Un resumen del año


Sentado en la terraza del café turco que tiene el mejor doner kebab del barrio, y tal vez de la ciudad, rememoro algunos momentos de este 2018 que se acaba. Algunos cercanos y conocidos murieron, otros han nacido, pequeñas enfermedades me mantuvieron atento a los cambios a partir del verano, hasta hace relativamente poco; parecen haber remitido. Nada especial, las idas y venidas de la existencia que no cesan. Estamos a treinta de diciembre y como si fuera primavera, la estupidez humana parece no tener límites cabalgando sin rumbo sobre este sistema que te deja opinar de casi cualquier cosa mientras va suprimiendo derechos y  sigue destrozándolo todo, empezando por la convivencia; no parece haber salida para esta mentira disfrazada de crisis o cómo quieran llamarlo.
Las migraciones que no cesan, y que van dejando víctimas en tierras y mares, hacen de las ciudades espacios interculturales donde suenan idiomas con muchos acentos. Eso me permite comprar fruta a los africanos, aguacates tropicales y bananas a los sudamericanos o cualquier e impensable cosa a los orientales que han inventado una mezcla izquierderecha del peor extremo centro y se van adueñando de casi todo. El agua ya no es un derecho, lo público se extingue entre privatizaciones sin tregua, y cada vez hay menos pan pa' tanto chorizo...



Los resúmenes son siempre falsos, de lo que se cuenta ya no está, pasó y no vuelve. Por ejemplo recuerdo que en pleno verano recalé unos días en Madrid para presentar cuatro libros de poetas colombianos que había seleccionado para la colección Palabra de Juancito Caminador (Jhonny Walker in english). Un verano pasado junto  a la sombra fresca de un rio que vuelve una y otra vez a llenar su cauce con agua del deshielo. En el otoño presenté mi nuevo libro, una novela casi negra: "Nada de nombres", publicada por Turpin Editores, que está obteniendo buenas críticas, ya veremos tras los Reyes que dice el distribuidor sobre las ventas.
De reconocidos literatos compartí este año pequeños diálogos con Paul Auster, Orham Pamuk, Antonio Muñoz Moilina o el escritor caleño y buen amigo Fabio Martínez que visitó Madrid y su Feria del Libro. También coincidí con Laurie Anderson y visité su espacio Chalkroom, y con  Richard Gere en un congreso budista que se celebró, cosas de la vida, en el auditorio madrileño de un sindicato socialista.





Al que ya no pude volver a ver fue al gran maestro del espacio Chogyal Namkay Norbu que nos dejó tras varios avisos de su partida. El que parece que tampoco volverá, en este caso a los escenarios, es Rosendo con su trio, hace unos días en Barcelona hizo efectivo el nombre de la gira : "Mi tiempo, señorías" y de retiro se nos fue... "el rock&roll es un arte ¡qué desilusión!" que cantara, hace tanto, con los Leño.







Siguen cambiando los tiempos, en su cronología, y aunque las fechas sean un añadido a las anteriores sabemos que en el fondo nada y todo cambia, que la ilusión nos ayuda a avanzar en esta existencia que, como una representación a la que hemos llegado en el segundo acto, nos sigue llenado de dudas y preguntas, y dándonos alguna que otra alegría de vez en cuando para ayudarnos a seguir en este camino que no es fácil para nadie mientras paseamos, absortos, entre la sombra y la luz. El gato, sabio, duerme junto al radiador.








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